Desde hace tiempo asistimos a un acoso sistemático a la agricultura y la ganadería por parte de quienes deberían protegerlas: nuestros gobiernos y las instituciones europeas. Las decisiones que se están tomando no parecen orientadas a fortalecer un sector esencial, sino a empujarlo hacia la asfixia mediante normativas cada vez más exigentes, costosas y desconectadas de la realidad del campo.
Mientras se presiona sin descanso a los productores europeos, se permite la entrada de productos importados que no cumplen ni de lejos los mismos estándares que se imponen aquí. ¿Cómo se puede llamar a eso si no es competencia desleal tolerada —o incluso fomentada— desde arriba? ¿Por qué se exige tanto al agricultor y ganadero local, pero tan poco a lo que llega de fuera? La sensación de abandono es tan evidente que ya casi ni se intenta disimular.
A la vez, se lanzan campañas que promueven hábitos alimentarios que chocan frontalmente con nuestra cultura gastronómica y con la tradición del campo europeo. Se nos anima a sustituir alimentos de toda la vida por productos basados en insectos, presentándolo casi como un mandato del futuro. Pero nadie explica con claridad cuáles son los intereses, presiones económicas o estrategias que hay detrás de estas propuestas. Y cuando algo se impulsa con tanto fervor pero tan poca transparencia, la desconfianza es inevitable.
No somos expertos en los entresijos políticos y económicos que mueven estas decisiones, pero no hace falta serlo para ver hacia dónde conduce este camino. Por eso compartimos un vídeo que muestra solo una de las muchas patas de este enorme “ciempiés” regulatorio que amenaza a un sector entero. Aun así, lo fundamental es entender algo: si dejamos caer a la agricultura y la ganadería, no solo perderán los productores; perderemos todos. Perderemos soberanía alimentaria, calidad en lo que comemos, economía local y, en definitiva, parte de nuestra forma de vida.
Es hora de abrir los ojos. Lo que está en juego no es solo el campo: es nuestro futuro y nuestra salud y vida.
En la entrevista Victor Viciedo y Jesus Fuentes de SAE




